Feeds:
Entradas
Comentarios

La escuela es un espacio que se está trasformando para dar nuevas respuestas a la demandas de la sociedad actual.

Las políticas de inclusión digital educativa de nuestro país es una acción estrategia para la facilitación de este proceso de trasformación, la democratización del acceso a la información y  la construcción de nuevos conocimientos que sean significativos y relevantes para el hombre de hoy y  la sociedad en la que vive, tanto para su vida cotidiana como laboral.

Cuando un docente se compromete en facilitar un comportamiento innovador  entre sus pares,  entre los estudiantes y con  los mismo ,  genera un aprendizaje esencial que es el conocer la importancia de innovar,  promueves cambio y abandona el rol tradicional,  consigue que el estudiante se involucren activamente en sus propias experiencias de aprendizaje.

Este proceso innovador más que nunca exige la articulación entre los docentes y entre los componente del sistema, por lo cual, se recapitaliza la labor de los equipos técnicos, básicamente desde su acción de  acompañamiento pedagógico. Acción  que adquieren un valor relevante  en la facilitación  de  los procesos de innovación,  fortalece la cultura de revisión e innovación de las prácticas pedagogía, la mejora de la calidad del servicio, el fortalecimiento del

Todos tenemos algo que aportar..

Todos tenemos algo que aportar..

liderazgo docente y la calidad de los aprendizajes.

Esta articulación promueve las relaciones horizontales en intervenciones pedagógicas pertinentes. Este proceso de intercambio profesional está basado  en el  dialogo, la observación y evaluación de las practicas, exige la capacidad compartida  y la disposición para establecer compromisos entre los

Entre las numerosas dimensiones que se pueden abordar en el proceso de trasformación de los espacios escolares, el trabajo de acompañamiento  de los equipos debe priorizarse en las siguientes  dimensiones:  a- recursos,  pues es elemental satisfacer las necesidades y gestionar aquello que se pretende en la dinámica áulica, el trabajo en conjunto potencia las posibilidades de logro y facilita acciones de gestión interinstitucional; b- desarrollo profesional, abordar esta dimensión con un nuevo enfoque que implique el trabajo colaborativo y compartido entre los profesionales requiere de los equipos  una responsabilidad en la concientización del compromiso y la articulación de acciones que posibilite un dialogo intersubjetivo que permita pensar y construir nuevas prácticas significativas;  y c- cultura, los equipo técnico son promotores de nuevos patrones y de nuevos  espacio de intercambio. Posibilitar la capacitación para que la apropiación de la tecnología conduzca a la promoción, a la equidad de oportunidades y a una convivencia social de calidad.

Testimonios para compartir

Compartimos testimonios de docentes que participaron en el Taller de Alfabetización digital inicial, en el barrio San Javier de la ciudad de Córdoba.

http://vimeo.com/33111873

El registro realizado por nuestros colegas del Equipo Técnico Jurisdiccional Córdoba 2011
Capacitadores: Irene Troxler, Jorgelina Bertaina
Entrevistas: Alexis Oliva
Realización: Manuel Vivas

Por Natalia Sternschein y Javier Areco

Para aquellos que sostienen que una imagen vale más que mil palabras y también para los detractores de tal afirmación, va aquí nuestra sugerencia sobre una herramienta conciliadora que permite formar, con las palabras de un texto, una imagen con la lógica de construcción de la nube .

De izquierda a derecha: Freddy Mercury, líder del grupo Queen; una cámara de filmación. Se desconocen los textos con los cuales fueron creados.
Fuente: http://www.tagxedo.com/gallery.html, consultado en octubre 2011.

Aquí tenemos varios ejemplos que constituyen interesantes puntos de partida para pensar los diferentes usos pedagógicos. ¿Por qué no armar una presentación sobre la vida de Sarmiento eligiendo alguno de sus textos? ¿Qué palabras aparecerían con mayor frecuencia? En función del o los textos que elijamos para construir la imagen tendremos un determinado sentido. Habría que ver cuántos Sarmientos podrían construir los chicos de un personaje tan controvertido que propugnaba el triunfo de la “civilización” sobre la “barbarie” pero que también durante su presidencia promovió la edcuación y las comunicaciones de nuestro país.
Un aspecto fundamental de este, como de tantos otros recursos, está en observar cómo funciona la aplicación para determinar las decisiones que habrá que tomar para la realización de este tipo productos. Aquí abajo, en la imagen de la izquierda, vemos el texto del primer capítulo del Quijote transformado en una nube, sin ningún formato especial que lo contenga. Como se observa, las palabras que más se repiten en el texto original (y que por lo tanto, se destacan en la nube por su tamaño) son: “y”, “de”, “que”, lo cual no dice nada interesante acerca del texto. Sin embargo, en la nube de la derecha, se utilizó el mismo texto pero se filtraron esas palabras y así se obtuvo un resultado completamente diferente.

Nube de palabras del primer capítulo

Nube de palabras para el mismo texto, de Don Quijote de la Mancha filtrando las palabras comunes.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Nube_de_palabras, consultado en octubre 2011.

¿Servirá esta herramienta para saber de qué se trata el Quijote como una primera aproximación? ¿Qué sentido se construye a través de la selección de las palabras más repetidas? ¿Se acerca al original? ¿Cómo funciona el contexto del texto en la construcción de sentido? ¿Se entiende que es el primer capítulo del Quijote o deberíamos poner un título o un epígrafe para enmarcarlo? ¿En qué medida la elección de una imagen determina la producción de un significado?

Nosotros también hicimos la prueba con algunos textos de este blog de la Unidad TIC. Tomamos los últimos posteos y una imagen de nuestro logo. El programa ubicó las palabras que más se repetían dentro del logo. Del mismo modo, en el caso del Quijote la primera prueba mostró preposiciones y coordinantes, por lo tanto tuvimos que eliminarlas del texto original para obtener, como se ve en la segunda opción, un resultado más interesante. También hicimos una tercera nube utilizando la imagen por defecto para comparar la nube resultante con las anteriores.

Ejemplo con el blog de la Unidad TIC, sin y con filtro de palabras.

Luego lo hicimos con las palabras filtradas pero sin la imagen del logo.

¿Qué diferencias hay entre las nubes? ¿Las palabras que se destacan por su tamaño dicen algo sobre nuestra perspectiva? Y, un poco sí. ¿Transmiten todo lo que pensamos? Y no, pero para eso tenemos otros recursos, vale decir, no le pidamos a la herramienta algo que no nos puede dar, se trata en todo caso de ver cómo se puede potenciar el trabajo de los chicos no solo desde lo creativo, sino también desde lo conceptual y reflexivo. Pero, una vez más, se necesita un proyecto detrás que lo sostenga para no reducirlo a un bonito recurso.

Aplicaciones para crear nubes de palabras:

http://www.tagxedo.com/

http://www.wordle.net/

Ambas están en inglés, pero son de fácil utilización. A diferencia de Wordle, Tagxedo permite crear la nube con la forma de una imagen propia, pero presenta el inconveniente de no tomar las palabras con tildes o con letras ñ.

Por Javier Areco

Estamos fascinados con las TIC y nos apasiona integrarlas pedagógicamente en el aula. Tratamos de mejorar los procesos de gestión y administración escolar utilizándolas de manera creativa e innovadora. Intercambiamos permanentemente con alumnos y colegas muchos “mirá qué bueno este programa que…”  “No sabés la página que encontré…”, “te lo mando por mail…”, “fijate en Facebook…”

Bastan un par de clics para tener nuestra planificación subida a Calameo, las fotos del último acto escolar en Flickr , el archivo de video en SkyDrive o las fichas de inscripción de los alumnos de 3ºA en un formulario de Google Docs.

Umberto Eco decía que toda información es importante si está conectada a otra. El número 28228801 así solito no me dice nada. Pero dentro de una celda en una planilla pública de Google Docs bajo el encabezamiento de columna “DNI” sí. Y combinado con “apellido y nombre”, “dirección”, “teléfono particular”, “teléfono laboral”, “fecha y lugar de nacimiento”, más aún.

Seamos, entonces, responsables con la información de terceros (léase alumnos, padres, docentes, amigos, etc.) que subimos a Internet. Una planilla con las direcciones y los teléfonos de las familias de nuestros alumnos, la imagen escaneada del DNI de una docente, el currículum vitae con la foto de un profesor, un formulario web con los datos personales de nuestros alumnos todo ello, constituye información sensible que debemos cuidar. ¿Están dadas las condiciones para garantizar la seguridad y la privacidad de esa información al subirla a la web, llevarla en un pendrive o almacenarla en una computadora ajena?

En este video de la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (DNPDP) nos recuerdan: “Tus datos son tuyos, tus datos hablan de vos por eso vos tenés el derecho a manejarlos”. También existen estos datos que no son nuestros (son de los demás), que no hablan de nosotros (hablan de los demás) y que debemos tener la responsabilidad de cuidarlos tanto o más que si fuesen nuestros.

Hacer valer el derecho a la privacidad de los datos personales es la tarea.

Entre chinches y TIC, en los talleres formación suele surgir un tema de discusión recurrente: las netbooks para los alumnos, y a través de ellas el acceso a Internet, ¿es un regalo o un derecho?

Según un estudio de la empresa canadiense Globescan, para el 79% de los encuestados, el acceso a Internet es un derecho fundamental. La encuesta se llevó a cabo en 26 países distintos, como parte de una investigación que realiza la BBC por el 20° aniversario de la web.

Relevando las opiniones de 27.000 adultos, el estudio arroja otros datos significativos:

• El 87% de los encuestados que usan Internet consideran que el acceso a la misma debería ser “el derecho fundamental de todas las personas”.

• Lo mismo opinó el 71% de quienes aún no utilizan de Internet.

• El 90% de los encuestados opinó que era Internet es un buen sitio para aprender

• Los países cuyos ciudadanos consideran en mayor medida el acceso a Internet como un derecho son Corea del Sur (96%), México (94%) y China (87%).

• El 51% pasa parte de su tiempo libre en redes sociales.

Temas como la libertad de expresión y la privacidad dividieron aguas. El 48% respondió que “Internet es un sitio seguro para expresar mis opiniones”, mientras que un 49% no estuvo de acuerdo.

En los países económica y tecnológicamente más desarrollados, el escepticismo y la preocupación por la privacidad son mayores. Japón estuvo entre los países en que la mayoría de usuarios de la red no creían que podían expresar sus opiniones en línea con tranquilidad (65%), junto con Corea del Sur (70%), Francia (69%), Alemania (72%) y China (55%). En contraste, en los países menos desarrollados la mayoría de la población tiene más confianza en la nueva tecnología. 70% de los indios, 74% de los ghaneses y 73% de los kenianos pensaron que podían expresar sus opiniones con seguridad en Internet.

Los países latinoamericanos donde se llevó a cabo la encuesta fueron Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá.

Fuente: “Internet es un derecho fundamental” (BBC Mundo)

Foto:  Mariano García (Unidad TIC, Ministerio de Educación de la Nación, Argentina)

Por Mariano García


En la serie documental “La revolución virtual” (The Virtual Revolution, BBC, año 2010), de cuatro capítulos de una hora cada uno, la periodista e investigadora Aleks Krotoski analiza los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que durante las últimas dos décadas ha generado la expansión de Internet.

Con testimonios de los principales protagonistas del boom digital, así como de importantes ensayistas y académicos, la serie aborda con espíritu crítico los espectaculares logros y avances de las comunicaciones en red, iluminando aspectos habitualmente oscuros y controversiales que el discurso tecnocrático suele pasar por alto.

Uno de ellos es la privacidad. El episodio dedicado a este tema, “El costo de lo gratuito”, encara el problema desde una perspectiva tan original como necesaria: la económica. Mientras que el debate en los medios acerca de la privacidad en Internet suele enfocarse en aspectos éticos, morales o políticos (vigilancia del Estado a los ciudadanos de un país, exposición de la sexualidad y de la intimidad en jóvenes o personajes públicos), la serie nos invita a preguntarnos: ¿cuál es el precio, y quién lo paga, para que la información y los servicios en Internet sean gratuitos?

Espiando al consumidor

¿Les llegaron alguna vez esos mails alarmistas que anuncian que pronto tal o cual plataforma (Hotmail, Gmail, Facebook, Twitter, etc.) pasará a ser arancelada? Ilusos aquellos que caigan en la trampa de este tipo de spam y todavía piensen que el negocio en Internet es venderle un servicio al usuario: a los gigantes del mercado digital no les interesan nuestras enflaquecidas billeteras y saben que no dispondríamos ni siquiera de 10 dólares anuales para mantener aquello que hoy parece ser el centro de nuestras vidas (¡Me muero si me cierran mi Facebook! ¡Cómo seguir con mi vida si no puedo seguir a mi ídolo en Twitter!). Mucho más valiosa que el dinero es la información que día a día les damos sobre nuestras vidas.

La voluntad de espiar la vida privada de los consumidores no nace con Internet; pero ésta lo facilita enormemente. Y cuanto más avanza la informática, mejores los resultados. Ya a principios de los ’90, la primera asociación se dio entre bancos, tarjetas de crédito y supermercados (asociación bastante ilícita, ya que se supone que la información de los movimientos bancarios no deben ser compartidas con otras empresas). Las primeras computadoras de un terabyte de almacenamiento, que hoy ya están disponibles en el mercado a precios accesibles, fueron encargadas precisamente para analizar datos de utilización de pagos con tarjeta en el supermercado, y de esta manera cruzar información demográfica de los compradores (edad, el sexo, domicilio) con los productos de su preferencia. Así, podían agruparse en góndolas o secciones productos que el sentido común no preveía asociados; o anticipar los hábitos de compra (por ejemplo, agrupar en la misma sección los productos preferidos por las mujeres de 30 a 40 años, o por los hombres de 18 a 25; o que una sucursal en Boedo tenga distintos productos a la de Belgrano).

Valga el ejemplo cotidiano a modo de ilustración: ¿por qué si los precios en el supermercado son más baratos que en el almacén de barrio, uno termina siempre gastando más en el súper? Una respuesta posible: porque el almacén de barrio no “sabe” tanto sobre los hábitos de consumo del vecino, o lo hace intuitivamente. Uno entra a comprar las tres cosas que necesita al almacén, y se va con eso en la bolsa. Uno entra al supermercado buscando los mismos tres productos, y sale con un changuito lleno de productos que seguramente ni tenía pensado comprar.

El desarrollo de Internet durante los últimos 10 años, podría verse en este sentido como la evolución desde el almacén de barrio a la gran cadena de supermercados. De la cultura hacker que impulsaba una ideología libertaria en la web, a la concentración oligopólica y el uso comercial del historial de navegación del usuario.

Publicidad contextual: un traje a medida de cada lector

Si en un principio el debate entre los editores de sitios web era arancelar o no sus contenidos y servicios, muy pronto la balanza se inclinó hacia la gratuidad. El primer modelo de negocios exitoso en Internet replicó así las lógicas de mercado del modelo de broadcasting desarrollado por la radio y la TV durante el siglo XX, donde la gratuidad del acceso estaba financiada por la publicidad.

Con este sistema los medios vendían rating, en un esquema donde “todos ganan”: las audiencias por la gratuidad del producto, los anunciantes por la masividad del medio en el que pautan, y las cadenas transmisoras por los ingresos publicitarios incluidos dentro de la programación. Así, el radioescucha y el televidente aceptaban que el producto estuviera “contaminado” por avisos publicitarios, siempre y cuando ese producto fuera gratuito (y tan aceptado fue este modelo, que incluso las publicidades se convirtieron en contenidos tan valorados por la audiencia como el resto de la programación). La prensa gratuita llevó este modelo de negocios incluso al mundo del papel, renunciando a los ingresos por venta de ejemplares que se compensaban con una apuesta plena a la publicidad, seducida por un público en crecimiento. En todos los casos, el valor de cambio siempre era la atención del público-consumidor.

En un mundo de sobreabundancia informativa, dispersión y habilidades multitarea, captar la atención del zapping visual del usuario de Internet era el principal objetivo del marketing on line en la primer época del desarrollo de Internet, cuyo vehículo promocional privilegiado era el estático banner publicitario. Sin embargo, los desarrollos tecnológicos posteriores comprobaron que lo que tiene mayor valor para el marketing no es el ojo ni el recorrido visual que sobre la pantalla hace el usuario, sino su privacidad.

Esto tampoco es nuevo: tanto las empresas, como los medios de comunicación donde se anuncian, suelen invertir gran parte de sus ganancias en estudios de mercado para poder conocer los hábitos de consumo de las audiencias. Mediante las técnicas clásicas de estudio de mercado, hay que encuestar al consumidor sobre sus gustos, preferencias y conductas; generalmente ofrecer algún tipo de recompensa por sus respuestas (en productos o en dinero), y aprender a convivir con el margen de error y la posibilidad de que los encuestados no respondan con toda la verdad.

Pero la publicidad on line, en un principio menospreciada por los grandes anunciantes, pronto descubrió que las complejas relaciones matemáticas que permitieron desarrollar los motores de búsqueda, podían tener también un potencial publicitario enorme. El gran salto lo dio una vez más el omnipresente Google, al lanzar su sistema de avisos contextuales AdSense. Y de la misma manera en que buscador establece coincidencias entre claves de búsqueda y sitios web que contienen esas palabras, la publicidad contextual de Google se ajusta al contenido del sitio donde estamos navegando. Si estamos leyendo una noticia deportiva, seguramente los espacios publicitarios de esa nota nos seducirán con entradas para ver algún partido o camisetas y calzado ad hoc; si lo que nos interesa es la música, seguro se nos ofrecerán promociones de nuevos lanzamientos, instrumentos, o tickets para los próximos conciertos.

Fue tal el éxito que tuvo este nuevo sistema, que pronto los entornos de las cuentas de correo también fueron rodeándose de publicidad contextual, y también las redes sociales;  hasta llegar a estrategias cada vez más avanzadas: hoy la publicidad contextual analiza no sólo el contenido de lo que estamos leyendo, sino el historial de nuestras búsquedas y chats, posteos en redes sociales y correos enviados y recibidos. ¿Exagerado? Hagan la prueba de ver la publicidad contextual de su página de inicio en su red social preferida, o en su cuenta de mail, y verán una radiografía bastante exacta de sus hábitos, usos, gustos y costumbres. Si todavía tienen dudas, hagan la prueba con la persona que más cerca tengan a mano con una conexión a Internet, y verán la diversidad y variedad de anuncios.

Ya que la privacidad está pasando a ser un valor arcaico de esos que les hablaremos a nuestros nietos en las cenas familiares, valga un rápido ejemplo personal. Al momento de redactarse estas líneas, quien las escribe está por casarse e irse de luna de miel. Por lo tanto, los avisos en su cuenta de Gmail abundan en tópicos tales como “Matrimonio Civil”, “Casarse por civil”, “Boda Civil Papeles”, “Hotel Abano Terme”, “Telfes Hotel”, “Hotel Masseria”, “Hotel Lagos”, “Paquete Mendoza 75% OFF”, “Hotel 5 Estrellas 90% OFF”. Pero a los anunciantes no sólo les interesan los momentos tan románticos en la vida de uno. La rutina cotidiana de este futuro hombre casado, como hacer la cola de un banco o tirarse en el sillón a ver TV, también ya está registrada por la maquinaria publicitaria, que acierta con pavorosa exactitud al saber de antemano cuál es su banco y cuál su operador de cable contratado, y por lo tanto ofrecerme sus promociones también. Y así se suceden los avisos, que saben perfectamente los gustos musicales, preferencias deportivas y culturales, u orientaciones ideológicas y religiosas de cada usuario.

Al combinar la tecnología de los motores de búsqueda con las necesidades de los anunciantes, Google cambió el paradigma de la economía de medios en Internet. Desde la intimidad de sus hogares, los usuarios acuden a este oráculo matemático para encontrar soluciones a sus inquietudes más profundas, informarse sobre los temas que más les interesan, aprender sobre las enfermedades que los aquejan, decidir dónde van a educar a sus hijos, o quién tiene para vender aquello que uno tanto necesita. A cambio de un servicio que brinda información y contactos sociales con abundancia, inmediatez y gratuidad, los usuarios estamos cediendo aquello que hasta ahora era lo más preciado y difícil de acceder para las grandes corporaciones: nuestra privacidad. Y en la mayoría de los casos, sin tener conciencia cierta de que lo estamos haciendo.

Link recomendado:
“Pagando el precio por una red gratis”

Por Natalia Sternschein, con la colaboración de Grisel El Jaber

Si hiciéramos aquí un primer sondeo podríamos inferir con un alto grado de certeza que la primera respuesta entre docentes y directivos sería no. Sin embargo, creemos que más que una acción colectiva, la decisión de incluir o no a los alumnos en nuestro espacio de Facebook es más que nada personal y en ese sentido, no es nuestra intención plantear si está bien o mal (porque no es algo que a priori pueda determinarse) sino reflexionar sobre las posibilidades y recaudos a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión.

Queremos aclarar que antes de escribir esta nota, nosotros mismos nos pusimos a discutir, ¿cómo decirlo?, acaloradamente. El debate abrió un conjunto heterogéneo de dimensiones y los cuestionamientos han sido varios: ¿Cómo los alumnos van a ser nuestros “amigos”? Destacamos aquí el entrecomillado porque sabemos que es un término un tanto pretencioso para designar a todos nuestros contactos en una red social. Se trata, en todo caso, de considerar estas comillas en la pregunta porque su formulación condiciona la respuesta. A nadie se le ocurriría pensar a nuestros alumnos como amigos en el sentido literal, no obstante, sí es factible considerarlos en términos de contactos.

Otro de los momentos candentes tuvo su pico de rating cuando uno preguntó si convenía que los alumnos accedieran a nuestra información personal, a nuestras fotos, comentarios propios y ajenos concernientes a nuestra vida “privada”. Pedimos disculpas por la insistencia de comillas, es que justamente el concepto de lo privado rankea en los primeros puestos de la agenda de debates TIC y por el momento, su definición está más cerca de lo inacabado, de lo inestable que de lograr una clausura última del término. Y nosotros, que no queremos ser menos, vamos a proceder a su abordaje para poder desde aquí retomar la pregunta del título.

Primera cuestión: ¿Cuando subo a Facebook información sobre mi vida (fotos, gustos, intereses, etc.), dicha información sigue siendo privada?

Segunda: Uno podría decir que la información que se comparte, solo la ven los contactos personales. Sin embargo esto no es así. Facebook tiene un sistema de configuración de la privacidad que la mayoría desconoce. En general, se aceptan las configuraciones preestablecidas por esta red social que más que cerrar la información a círculos íntimos la expande por toda la red. Esto es, cualquier desconocido tiene la posibilidad de acceder a nuestro perfil y a nuestras fotos a menos que nosotros, intencionalmente hayamos configurado la herramienta para que esto no ocurra, determinando qué información quiero hacer visible y cuál no y a quiénes dentro de las limitadas opciones que me presenta esta red. Conclusión: es necesario conocer las posibilidades que nos brinda Facebook para tener un mayor dominio de la información que subimos y compartimos, sin olvidar que una vez que uno publica algo, como bien refiere el término, lo hace público.

Tercera: La edad mínima –legal- para tener una cuenta en Facebook es de 13 años aunque esto sea transgredido hasta por niños de nivel inicial. Dado que estamos con estudiantes de escuelas secundarias, este tema casi estaría resuelto, salvo por los pocos que aún tengan 12 al momento de su ingreso. Dicho esto, es necesario advertir que los alumnos siguen siendo menores de edad y en ese sentido hay que tener en cuenta los mismos recaudos que se emplean en el ámbito físico de la escuela. Ustedes dirán: “sí, pero en la escuela no se pueden publicar fotos de los alumnos sin el consentimiento de los padres y en Facebook son los propios chicos los encargados de subirlas sin ningún tipo de autorización de sus adultos”. ¿Qué pasa si a un docente le aparece en el muro una foto de un alumno o alumna que en el sitio de cualquier adolescente pasaría desapercibida pero en el contexto del espacio del docente provoca otro tipo lecturas sociales?

Aquí podríamos plantear dos temas. Uno es el legal que, evidentemente, en lo virtual todavía deja muchos vacíos que seguirán existiendo porque el avance de las TIC genera a cada instante nuevos escenarios y controversias que la ley no llega ni por asomo a cubrir. El otro tema, tiene que ver con el uso ético y responsable de la información que tanto alumnos como docentes deben conocer y acordar para lograr una convivencia respetuosa, determinando además qué contextos son válidos y cuáles no para desarrollar determinadas acciones que, en ocasiones, deben ser restringidas al ámbito de la vida privada.

Planteadas estas cuestiones y dejando otras tantas de lado -que pueden ser retomadas por ustedes- volvemos a nuestra pregunta inicial aclarando que en este abordaje no se tomó en cuenta el uso de Facebook con fines pedagógicos debido a que en estos casos, en general, se configura un espacio ad hoc, privado, con otras reglas que comentaremos en otro momento.

En definitiva, mis alumnos, ¿pueden ser mis amigos/contactos en Facebook? Aquí va una repuesta surgida de nuestro encendido debate: “Para mí, haber incorporado a mis alumnos me humanizó. Tengo muchas alumnas embarazadas que cuando se enteraron de que tenía un hijo, les cambió la percepción que tenían de mí, se produjo una transformación en la comunicación con ellas que a su vez influyó en el proceso de aprendizaje de lo curricular”. La primera reacción que tuvimos frente a semejante declaración fue pensar en lo paradójico que resulta que las tecnologías “humanicen”; pero esto es lo que sucede con los efectos imprevistos del uso de las TIC que por un lado plantean nuevos interrogantes y por otro, ponen de manifiesto situaciones preexistentes, conflictivas, que no han podido emerger (por distintas razones) en el contexto áulico.

Desde esta perspectiva, entonces, puede resultar positivo incorporar a los alumnos a nuestro Facebook, pero sabemos que eso no es todo. Hay otro tema, hay otros temas: cuando uno acepta que los alumnos ingresen a nuestro espacio en Facebook sin ningún tipo de restricciones, se ponen en juego otras cuestiones: si bien los comentarios que uno hace y las imágenes que uno sube se realizan en un espacio en el cual no ejercemos la docencia, no podemos dejar de considerar que, aun así, lo que hagamos tendrá repercusiones que trascienden la esfera de lo personal y en este sentido, no es lo mismo que estén presentes nuestros alumnos o no. Esto quiere decir que desde el momento en que dejamos ingresar a los alumnos, debemos ser concientes que nuestro espacio personal comienza a tener visibilidad para el “público” escolar y esto incide en el espacio profesional, entre otros. Es un tema de otra discusión pero evidencia que el mundo virtual no está escindido del físico.

En definitiva, habrá quienes estarán dispuestos a incorporar a sus estudiantes al Facebook personal y habrá quienes no, es una decisión de cada uno, lo que no se puede soslayar son las dimensiones que aparecen al momento de tomar una decisión. No se trata de tener el control absoluto de todas las variables (ni siquiera Orwell pudo garantizarlo al imaginar su Gran Hermano en “1984”) por el contrario, el objetivo es dar cuenta de la densidad de una trama en la que el movimiento de cada hebra genera repercusiones en todo el tejido.

Ahora sí, bienvenidos al debate.